Depresión
La depresión no siempre se presenta como la imagen clásica que solemos tener: alguien que llora todo el día o que no puede levantarse de la cama. A veces, la depresión se disfraza de cansancio constante, de pérdida de interés, de mal humor, de aislamiento o de una sensación de vacío difícil de explicar.
Muchas personas que atraviesan un episodio depresivo no se dan cuenta de lo que les está pasando. Suelen decir cosas como “estoy rara/o”, “no tengo ganas de nada”, “antes disfrutaba esto y ahora ya no”. Y es que la depresión no solo afecta al estado de ánimo, también altera el cuerpo, los pensamientos, las relaciones y la forma de percibirnos a nosotras/os mismas/os.
Algunos de los síntomas más comunes de la depresión o de un estado depresivo son:
- Falta de energía, incluso al despertarse.
- Pérdida de interés por cosas que antes generaban placer.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
- Problemas de sueño (dormir de más o tener insomnio).
- Cambios en el apetito.
- Aislamiento o sensación de no encajar.
- Pensamientos negativos persistentes (“no sirvo para nada”, “no tengo solución”, “molesto a los demás”).
Una persona puede seguir trabajando, estudiando o cuidando de otros mientras convive con una depresión. Por eso muchas veces pasa desapercibida, incluso para quienes la están sufriendo. Pero el hecho de que sigas “cumpliendo” no significa que estés bien.
En terapia no tratamos de forzarte a estar feliz ni de decirte que “pienses en positivo”. Se trata de comprender cómo has llegado hasta aquí, qué carga emocional estás sosteniendo sola/o, y poco a poco, recuperar el sentido, el deseo y el cuidado hacia ti misma/o. La depresión no te define, pero sí necesita ser escuchada.
¿Y si no eres perezosa/o, débil o exagerada/o… sino alguien que está intentando sobrevivir cargando demasiado?
Si te reconoces en estas palabras, no tienes que seguir sosteniéndolo en silencio.
