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Ansiedad

La ansiedad es una reacción natural del cuerpo que se activa cuando percibe un peligro futuro, ya sea real o imaginario. Es como una alarma interna que se enciende para que prestes atención, te prepares o te protejas.

Muchas veces pensamos que la ansiedad es algo negativo que hay que eliminar a toda costa. Pero en realidad, la ansiedad puede ser una buena compañera cuando aparece en su justa medida. Nos mantiene alerta, enfocados y preparados para actuar. Por ejemplo, sentir nervios antes de una presentación importante puede ayudarte a prepararte mejor y estar más concentrada/o.

El problema aparece cuando esa ansiedad es excesiva, desproporcionada o se mantiene en el tiempo sin un motivo real o actual. En ese punto, deja de ser útil y empieza a interferir con tu vida: te bloquea, te agota o te limita. Por ejemplo, sentir un miedo tan intenso a hablar en público que te paralizas y no puedes continuar.

Si te reconoces en ese segundo grupo, es normal que te preguntes: “¿Cómo puedo eliminar esta ansiedad?”

Pero… ¿y si el objetivo no fuera eliminarla?

Imagina que estás en el coche y se te ha olvidado ponerte el cinturón de seguridad. El coche empieza a sonar una alarma insistente. ¿Intentarías desconectar la alarma o te pondrías el cinturón? La ansiedad funciona igual: no está ahí para molestarte, sino para avisarte de que hay algo que necesita tu atención.

Por eso, no se trata de eliminar la ansiedad, sino de entender por qué viene, qué quiere decirte y cómo puedes regularla para que no tome el control.

¿Y si la ansiedad no fuera el enemigo, sino un mensaje que necesitas aprender a escuchar?

Si sientes que la ansiedad te está sobrepasando, podemos trabajar juntas/os para entenderla y regularla desde un lugar más seguro.

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